| Desde el principio tenía la noción de su predilección por retratos. Para ella está vigente que en el género de retratos pintados todos los retos se unen: la observación del momento y el concepto del retratado deben ser traducidos a pintura sobre cañamazo. Al pintar el retrato, Judith guarda un equilibrio perfecto entre la verdad del momento y la belleza ocultada en cada individuo. Naturalmente, la semejanza es de gran importancia. Sin embargo, un retrato es mucho más que eso: los contactos con el retratado se convierten en colorido, ambiente y toque. Siempre Judith tiene la aspiración de dejarse atrás la reproducción del momento. |
| De las innumerables expresiones faciales que pasan por los ojos del pintor se puede eligir solamente una para fijar. Sin embargo, un retrato bien conseguido descubrirá más de una persona que solamente esta fracción. Quisiera captar todos los aspectos inherentes de una persona. Las muchas expresiones de una personalidad se hacen visibles -aparte de una semejanza estrecha- en el estilo que combina la técnica clásica de pintura con una composición o escena contemporánea único para la persona. La alternancia de capas de pintura transparentes y no transparentes; la preferencia a grandes contrastes de claro-oscuro y la fascinación para un matiz rico y transiciones: todos son elementos de pintura que forman parte del estilo. |